jueves, 26 de marzo de 2009
ENTRE COL Y COL...
lunes, 9 de marzo de 2009
miércoles, 4 de marzo de 2009
En nombre de Rafael Arrabal
Once años sin Francis Bacon, y teniendo en cuenta que aún sigue siendo uno de los pintores más influyentes y representativos de la segunda mitad del siglo 20 (algunos dicen que era el continuador de Picasso), Bacon sigue actualizando su malditismo con la frescura decadente de su mirada, ácida, aguda, autocrítica y espontánea, sincera y autodestructiva, violenta y a la vez indiferente ante los acontecimientos, ¿no es acaso un retrato psicosocial bastante acertado del siglo que acabamos de inaugurar?
Hay sin duda una cualidad muy convulsiva en muchos de sus personajes, y la convulsión es un síntoma de violencia, pero no necesariamente de una violencia que cause horror; las convulsiones del placer sexual son algo que la mayoría de nosotros experimenta tan a menudo como puede; su obra es violenta por la fuerza y la mordacidad de su impacto. Bacon es estéticamente violento en ese cruce de miradas con su espejo, se siente genial, humilde, solita
rio, borracho y sobrio, cobarde y valiente a la vez, y en su reflejo un delirio de colores, de emociones contradictorias, de convivencias opuestas, de rebelarse y asumirse, de escapar y encontrarse...
Aspiraba a conseguir una completa interconexión entre la imagen y la pintura. Empleó toda suerte de técnicas para añadir pintura y retirarla con objeto de dar cuerpo a algo nunca visto, a una visión distorsionada de la realidad, a un mundo hermético y desquiciante, a una lucidez desesperante. ¿Los sueños de la razón producen monstruos?.
Era un ateo militante de la vieja escuela, y siempre parecía buscar pretextos para recordarnos que Dios está muerto, y para poner unos cuantos clavos más en su ataúd. El arte de Bacon tiene una cualidad trascendental y no son los atributos formales de su pintura, sino la creación de unas imágenes densas, inquietantes y apocalípticas fruto de su otro yo delirante, esquizo, de su frustración sexual, de su brillante bagaje etílico.
Paisajes rotos, retratos desencajados, figuras en cajas de cristal invisible, autorretratos reflejados, cabezas que gritan, hombres, perros y monos, rostros deformados, desnudos femeninos extasiados, durmientes y borrachos sentados, bombillas, llaves, Papas que escupen sombras, sombrillas, camas, sexo...
Sus influencias: la escultura egipcia, Masaccio, Miguel Ángel, Rembrandt, Velázquez, Ingres, Van Gogh, Picasso, Giacometti, Duchamp, Balzac, Proust, Eisenstein...
No le decían nada: Brueghel, El Bosco, Vermeer, Poussin, Ernst, Dalí, Pollock...